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Número 4: Narcosis de nitrógeno

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Hay pocas cosas más peligrosas para un buzo que la narcosis de nitrogenada. Se trata de una alteración de la conciencia que aparece en el buceo profundo con botellas de aire comprimido u otras mezclas que contengan nitrógeno. Sus síntomas van desde la euforia, en sus primeros estadios, hasta las alucinaciones y la muerte. Puede ocurrir a cualquier profundidad pero sus efectos aumentan conforme más se desciende. Aunque no se ha terminado de entender demasiado bien su mecanismo, se considera que sucede dado el efecto de las altas presiones del nitrógeno sobre la transmisión nerviosa afectando las funciones mentales superiores: la inteligencia, la memoria, la coordinación.

 

Se ha sabido de que algunos buzos han llegado a quitarse la máscara de oxígeno a decenas de metros de la superficie; de otros, que han atacado a sus compañeros al descubrirlos como extraños monstruos marinos; algunos más, de espíritu más sosegado, han perdido totalmente el sentido del peligro e invadidos por una calma y bienestar absolutos se han hundido para ya nunca más ser vistos.

 

Dado nuestro morboso interés por lo sumergido y a sabiendas de que el fin de cada uno de los miembros de esta tripulación estará en directa relación con la falta de oxígeno y la locura, le dedicamos el tercer número a este insólito mal.

 

Te invitamos a ti, oscuro lector, polizón escurridizo, a continuar en estas páginas húmedas y sumergirte en la locura.

Bienvenido a las profundidades del abismo.

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