· 

Trilogía de un hombre solo

Ante el mar infranqueable,

el hombre -podría ser mi padre-

recorre la playa aguardando el carguero,

o tal vez una yola.

 

Por sus pies sube la comezón

de la espuma. El viento se desliza con

calma, sin oponer resistencia.

 

Se esconde el sol.

 

Hay erizos en la orilla, bajo

la tela del agua.

 

Es un hombre decente, este hombre.

Su cuerpo cobrizo desprende en el aire el

vapor de las cosas perdidas.

 

Ignora -entre otras cosas- qué curva tomó

Para llegar hasta este lugar tan oscuro.

 

Se apena, a veces.

Siente que en el mar reposa

 

ahora todo o casi todo lo que para él

era conocido: trazos tan sólo, ya; ruinas

de lo que fue; formas vagas

del ardor y cenizas.

Escribir comentario

Comentarios: 0