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El cenote

05 de mayo del 2015

(10m-30m) No puedo dejar de pensar en cómo se han ido torciendo las cosas, igual que la rama de un árbol enfermo. Consultar documentos, entrevistar a la familia, comprobar testimonios, pedir informes, etc., fue todo el trabajo de los primeros días. Me hice una idea. Pero con la aparición del vídeo la cosa cambió. Hay en él algo que me molesta e inquieta a partes iguales, algo que está allí y al mismo tiempo no está. Una especie de llamada a baja frecuencia dispuesta solo para aquellos que poseen la misma intensidad.

 

Las imágenes son inexplicables: oscuras, sucias, remotas. Remolinos de lo que parecen burbujas pasan a gran velocidad por la pantalla, ráfagas de nubes blancas contra un fondo negrísimo, a veces un momentáneo haz de luz rompe el caos para abrirlo a un desorden aún mayor. El ruido que sale de los cascos que tengo conectados al monitor es espeso. Aparece ante mí la imagen de un sol que se expande deslizándose a través del espacio-tiempo.

 

De esa tensión surge la voz de Miguel. Dice que se encuentran a treinta metros de profundidad y calcula que aún les quedan otros treinta o cuarenta para pisar el fondo: más profundidad de la imaginada. Desde arriba, les preguntan cómo se encuentran y ante la respuesta positiva les dan el ok para continuar. Se escucha a Clara y a Verónica murmurar con entusiasmo. Ríen nerviosas rasgando la fina membrana de estática que envuelve al micrófono.

 

Cada cinco metros señalan su profundidad: treinta y cinco, cuarenta, cuarenta y cinco, cincuenta. Cuanto más avanzan el tono de sus voces se vuelve más grave. Deben tener cuidado. Cincuenta y cinco. Las burbujas ascienden por la pantalla como espesas perlas de plomo ajenas a la gravedad. Sesenta. Aparece Álvaro en la imagen, es un cuerpo tres o cuatro metros más allá. Sesenta y cinco. La pantalla prácticamente es negra. Aunque fuera es pleno día, allí abajo las tinieblas han ganado terreno. Setenta. Estamos totalmente a oscuras. Setenta y cinco. Clara le pregunta a Miguel que cuanto cree que falta. Miguel no responde. Ella insiste nerviosa. El tiempo se alarga como si la masa del mar lo doblara hacia adentro, plegándolo una y otra vez hasta hacerlo mínimo. Se oye a las dos mujeres aguantar la respiración.

 

En la pantalla aparece el reloj de Miguel anunciando en verde brillante: ochenta metros. Clara se remueve fastidiada y Miguel se ríe estentóreo, potente, metálico.

 

Una vez calmados los ánimos se escucha a Miguel pidiéndole a Álvaro que encienda la lámpara. La noche se rompe abriéndose en surcos profundos hacia un vacío etéreo. Miguel gira y enfoca a Álvaro quien levanta el pulgar en señal de satisfacción.

 

La impresión que tengo es que es imposible orientarse en aquel espacio que se expande en todas direcciones. El infinito sideral debe ser muy parecido a este acuático. Me sorprenden las similitudes; el grado en que todas las cosas se apropian de lo universal.

 

A sabiendas de lo que va a suceder, no dejo de sentir en todo momento la sensación de que si presto la suficiente atención descubriré algo; sin embargo, supongo que es simplemente mi deseo de cumplir con el trabajo. Entrecierro los ojos cada vez que llegamos a este punto de la grabación e intento horadar la oscuridad, pero esta no se abre ni un ápice.

 

A veces el tiempo desaparece, se vuelve simultáneo, las imágenes se sobreponen, y me parece compartir el instante perpetuo de los otros, a los que miro a través de la pantalla, a los que escucho murmurar por los auriculares.

 

10 de mayo de 2015

(30m-50m) He soñado con ellas, sentadas frente a un monitor similar al que yo uso en la sala de pruebas, atentas, alegres, inocentes. No saben que la noche está cayendo.

 

11 de mayo de 2015

Clara y Verónica hablan en voz baja, las oigo murmurar emocionadas mientras ven a Miguel y a Álvaro caminar pesados sobre el lecho, como dos astronautas.

 

Pienso en mi vida expuesta de la misma forma que la de ellas al feroz desgarro de la desaparición, al vacío hambriento que nos devora. Pienso también en lo que sería diferente si yo estuviera en el lugar de otro, de Álvaro, por ejemplo, y mi tiempo fuese el suyo, y mi desaparición la suya. ¿Qué significa nuestra falta para los otros, para uno mismo? ¿Qué vacío dejamos atrás? ¿Qué potencia irrealizada? ¿Qué camino sin hacer? ¿Qué posibilidad? La sombra: la fractura de toda expectativa que se quiebra justo por el punto más débil. Todo lo que hemos sido, lo que no seremos, disipado por un soplo sin voluntad, sin deseo, sin pretensión.

 

24 de mayo 2015

No sé cuántas veces he visto el vídeo y la sensación de que me pierdo algo no deja de crecer. He tenido tiempo de acostumbrarme a la oscuridad y cada vez observo más detalles. A veces es solo una burbuja o una nube de tierra que quiebra la luz y todo toma una relevancia singular. Curiosamente, también en mi vida algo ha cambiado, presto mucha más atención a sucesos minúsculos. Los objetos han adquirido una textura primordial. Vivo en el presente absoluto, olvido cosas sencillas. Me levanto por la noche y camino por la casa sin recordar el porqué, pero no importa. Cruzo la oscuridad del pasillo disfrutando del suave tacto de los pies sobre la tarima y de la luz fría que se filtra entre las persianas. La casa parece desierta.

 

25 de mayo de 2015

Abajo, Álvaro va adelante enjuto, iluminando el camino. Y la oscuridad entre él y Miguel es enorme. En la pantalla se ve su sombra y si no fuera porque es evidente que alguien sostiene la cámara, diría que está absolutamente solo.

 

3 de junio de 2015

(50m-70m) Por recomendación de mis superiores me he tomado un par de días libres para estar con la familia. Al parecer necesito olvidarme del trabajo. Llevo meses sin vacaciones, de una investigación a otra, campando perdido entre la violencia y el insomnio. No remonto y la presión pasa  factura. Me encuentro en un punto muerto y como a todos les ha ocurrido en alguna vez, comienzo a ver cosas que no están allí, atar cabos inexistentes. El descanso y la nueva perspectiva me permitirán cerrar el asunto de una vez por todas. Por mi propio bien.

 

Lamentablemente no ocurre así, durante las dos noches que estoy con mi mujer y el niño en Galicia no dejo de pensar. La segunda incluso vuelvo a soñar con Clara y Verónica. Las veo sentadas frente a la pantalla en silencio. En ella se ve el rostro reflejado de Álvaro que no emite ningún sonido, pero grita. 

 

Me levanto angustiado, sudando a mares y sin poder respirar.

 

4 de junio de 2015

De vuelta al trabajo me piden que cierre la investigación de una vez por todas. En las circunstancias en que ha ocurrido la desaparición, lo más probable es que sigan en el fondo del mar. Debo concluir el informe y pasar a otra cosa. Si todo va como debe, dentro de unas semanas, los desaparecidos serán muertos y fin de la historia. Su familia podrá cerrar este episodio y su vida existirá ya solo como un recuerdo.

 

Esto me ha hecho pensar en mi mujer y en el niño. Los veo dando vuelta a la página de mi existencia.

 

5 de junio de 2015

(70m-90m) A pesar de que he intentado alargar la cosa algún tiempo más, no hay manera de seguir adelante, no me dejan, tengo que cerrar el archivo lo más pronto posible. Me han dicho que es eso o me apartan y lo cierra otro. Concluyo de una manera más o menos caótica pues he perdido la capacidad de concentrarme. “Dadas las circunstancias y las pruebas presentadas, en particular la grabación aportada por los miembros del equipo y realizada con una finalidad científica desde la superficie del cenote por Clara Moreno y Verónica Ortuño, lo más plausible es que, tanto el buzo Miguel Álvarez Alcaide, como su compañero Álvaro Calvo, sufrieran la llamada narcosis de nitrógeno mientras intentaban, a gran profundidad, alcanzar la orilla del llamado ojo azul maya, en la península de Yucatán”.

 

“Dicha narcosis de nitrógeno o narcosis nitrogenada se trata de una alteración del estado de conciencia que ocurre cuando se realiza buceo profundo con botellas de aire comprimido. Al parecer, el nitrógeno de las botellas tarda más tiempo en ser absorbido por los tejidos causando el mal funcionamiento de las membranas celulares, particularmente las del sistema nervioso central interfiriendo con la transmisión de las señales entre las neuronas. Esto puede causar de manera progresiva graves problemas. Entre diez y treinta metros, leve deterioro del razonamiento y sensación de euforia; entre treinta y cincuenta metros, alteración del razonamiento y la memoria a corto plazo, errores de cálculo y dificultad para tomar decisiones, ideas fijas, exceso de confianza, risa y en algunos casos, ansiedad; entre cincuenta y setenta metros, alucinaciones, somnolencia, histeria y sensación de terror; entre setenta y noventa metros, confusión, incapacidad para la concentración, pérdida de memoria y alto nivel de euforia; más de noventa metros, alucinaciones graves, aumento de la intensidad en la visión y en la audición, estados maníacos depresivos, alteración de la percepción del tiempo, pérdida de conocimiento y la muerte.”

 

“La reconstrucción de los hechos, nos permite suponer que cuando los buzos tocaron el suelo marino ya sufrían los efectos de la narcosis y que estos fueron aumentando de manera progresiva hasta desencadenar una reacción irracional. La situación no está nada clara pues en algún momento Álvaro deja caer la lámpara y la imagen se vuelve completamente oscura. A partir de aquí, solo contamos con el audio que llega a través de la comunicación de los trajes y es confuso. Dado esto, no tenemos pruebas forenses que nos permitan concluir de forma inequívoca lo sucedido. Así que solo podemos hacer algunas suposiciones…”

 

6 de junio de 2015

A pesar de que he cerrado el caso no dejo de sentirme inquieto, tengo la sensación de que algo me llama hacia un lugar desconocido. Se me escapan cosas.

 

Siempre se me han escapado, a veces de una forma fatal: un culpable que es declarado inocente, un asesino en libertad, un hombre honesto perdido. No estoy hecho para este trabajo. He fracasado. Me siento culpable y apenas logro disimular el sufrimiento que eso me provoca. Ocultarlo a la gente que me quiere es lo más complicado, pero es necesario seguir adelante sabiendo, sin embargo, que algún día el dolor me alcanzará, me cogerá del cuello y me apretará la garganta hasta vaciar mis pulmones de aire. Me hundiré en el profundo mar de soledad que me rodea.

 

7 de junio de 2015

A partir de mañana estaré un par de semanas de vacaciones. Les debo el tiempo a mi mujer y al niño. Llevo meses estando por casa con la mente en otra parte, nervioso, irritable, somnoliento, y ellos me han aguantado bastante bien. No puedo más que agradecérselo. Así que nos vamos a México, a Cancún a ver pirámides y bañarnos en el mar. 

 

9 de junio de 2015

Esta mañana, mientras desayunaba he leído que unos científicos han logrado modificar el pasado. No era exactamente así, pero era algo similar. Es un extraño efecto de la física cuántica debido al entrelazamiento de las partículas subatómicas. Retrocausalidad lo llaman. En el mismo artículo, también decían que la realidad es afectada por el simple hecho de la observación. Todo es posible hasta que lo observamos, pues en esa observación lo definimos. No lo sé, parece un cuento, pero me hace pensar en esta investigación. Miro a través de la pantalla algo que ha pasado tiempo atrás, así que me pregunto si podría cambiarlo, si de hecho lo estoy haciendo. Y si es posible que alguien lea estas palabras (mi mujer, el niño que ya será mayor) y cambien lo sucedido arañando la fina capa de tiempo que se acumula como polvo sobre mi espalda.

 

15 de junio de 2015

(+90m) Estamos por fin en México, son las tres de la mañana, las diez en España. No podía dormir y decidí levantarme a fumar. Mientras buscaba el mechero encontré este diario que no recuerdo haber traído. No debemos andar muy lejos de donde ellos desaparecieron. Así que aquí estoy, en el balcón de la habitación, sentado frente al mar y escribiendo. A veces me arrepiento de hacerlo. Aunque el Dr. Marín, el psicólogo de la policía, considere que es una buena idea, tengo miedo de que mi mujer la encuentre y piense que estoy loco.

 

16 de junio de 2015

 

Álvaro quiere decirme algo, estoy seguro. Esta noche se me ha aparecido en sueños, lo vi, en medio de la oscuridad abisal, la cara blanca y putrefacta, los cabellos flotando hacia arriba. Intentaba articular palabras que escapaban de su garganta muerta.

 

17 de junio de 2015

 

Las noches se me hacen interminables. Una hora o dos después de acostarnos, me despierto sin poder respirar, como si me estuviera ahogando. Me incorporo con violencia y toso sin parar. De mi garganta brota un líquido espeso y salado. Salgo de la habitación para no despertarlos. Voy al balcón y fumo escudriñando al mar.

 

18 de junio de 2015

Los días sin dormir me están pasando factura. Esta tarde, mientras caminábamos por la playa me pareció ver a Miguel a lo lejos, intenté alcanzarlo, pero se perdió entre la multitud. Noto a María enfadada conmigo.

 

19 de junio de 2015

 

Hoy el niño amaneció malo. Tiene fiebre. El médico del hotel nos ha dicho que lo mejor es que descanse. Simplemente necesita dormir y tomar mucho líquido. Al verme inquieto en la habitación, María me ha pedido que me fuera a dar una vuelta. Acepté inmediatamente, quería ir al centro para ver si lo volvía a ver, pero no lo he visto. De vuelta al hotel me topé con una agencia de turismo cuyo principal reclamo es el buceo profundo en los cenotes sagrados. Sin dudarlo entré y reservé una plaza para mañana. El niño probablemente siga malo y María no

me querrá por allí dando vueltas como un león encerrado.

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