NARVALES

EL ORIGEN DE LAS ESPECIES



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Imagen de Rodrigo Arahuetes

En la otra vida dice haber sido un pintor aunque yo siempre dudo de la veracidad de sus historias. Lo cierto es que yo no sé mucho de pintura, solo tengo los libros que se acumulan en estas habitaciones que no son todos ni mucho menos, y sobre este tema no dicen demasiado. Tampoco sé mucho sobre el mundo que ha sido y por lo tanto me pierdo en sus referencias sobre lugares y personas; no me importa, me gustan sus relatos porque me hacen sentir parte de una historia en la que todo tiene sentido.

 

Posee formas un poco hoscas y la incómoda costumbre de mirarme tan fijamente que da la impresión de leerme entre líneas y a través de las marcas silenciosas que conforman mi rostro; no obstante, tiempo atrás, antes de la Caída, así la llamaba mi padre, me lo puedo imaginar como un hombre educado y afable.

 

Caída. Acto o hecho de caer. Capitulación, rendición, conquista de una ciudad o fortaleza. Finalización en el ejercicio de cierto poder. Fin de una dinastía, monarquía o civilización. El caer en culpa o en pecado. Caer enfermo. Conclusión de la tarde. Llegada de la noche.

 

En todo caso, me gusta hablar con él, tampoco es que tenga muchas personas con las que hacerlo, somos cuatro viviendo en el pueblo pero raramente buscamos la compañía los unos de los otros salvo para intercambiar las cosas que nos hacen falta. Además, yo soy el más joven y poco o nada puedo aportar a la soledad que parece que todos buscan. Sin embargo, con él es distinto, a pesar del tiempo y la distancia que nos separan y del hecho de que haya llegado hace tan solo unos pocos meses, hay algo extraño que me atrae. Más que un hombre lo he empezado a 


considerar parte de la narración que me ayudará a desentrañar el sentido de este relato sin tiempo, reducido al ínfimo espacio de un pueblo abandonado, sin demasiados personajes y que a veces me da la impresión de no llevar hacia ninguna parte. 

 

Según me dijo mi padre antes de morir, mi misión es ampliar la colección de libros que se amontonan en la casa de paredes desconchadas donde vivo. Del mundo que había desaparecido en la última guerra solo quedan estos estantes repletos de una historia que debe ser preservada pues en ella se descifrará al hombre, decía él. Sin embargo, por más que me esfuerzo –busco libros, los leo, los clasifico- no soy capaz de extraer nada de todo aquello, pues el mundo al que pertenezco no tiene absolutamente nada que ver con el que aparece ahí.

 

Por ejemplo, entre los libros clasificados como historia universal” que ocupan gran parte de uno de los muros del salón, hay una balda específica para la historia militar” en la cual yace un grueso volumen titulado Historia del mundo a través de las armas. En él se hace un recopilatorio detallado de la tecnología que había servido para matar, es decir, la historia del refinamiento de los instrumentos para la aniquilación del otro. Entre las cosas que cuenta el libro hay una que me ha dejado particularmente sorprendido, se trata del desarrollo de un objeto subacuático que servía para hundir barcos: el torpedo. Por una parte, me maravilla la idea de que un objeto tan pesado como un barco pueda flotar y, por la otra, me sorprende que se haya creado un instrumento para hundirlo. Entiendo el porqué de la violencia, me refiero a las razones más superficiales, el poder, la riqueza, de esas tengo suficientes referencias en los libros, pero no comprendo las motivaciones profundas, el significado último, el objetivo, sobre todo teniendo en cuenta y a la vista de las consecuencias: el mundo reducido a este pueblo habitado por cuatro seres terriblemente abandonados.

 

Esa tarde, el pintor llegó con ganas de hablar, lo que significaba que lo que estaba a punto de escuchar era un monólogo que apenas admitiría alguna acotación aclaratoria mediante la cual se intentaría cerrar la brecha entre lo que él me contaba y lo que yo sabía o entendía. Afortunadamente, hablar no era lo mío.

 

Igual que muchas otras veces, empezó sin hacer ninguna introducción, como si la historia hubiera comenzado antes de encontrarse conmigo y ahora le diera cierto fastidio volver a explicar algo que ya había dicho. Es así que yo me encontré de repente en medio de una narración de la cual tendría que ir recogiendo retazos sueltos para formar con ellos un amasijo de sentido. Estaba acostumbrado, pues gran parte de las historias que conocía estaban llenas de vacíos que me costaba llenar.

 

-Por la tarde –dijo con un gesto bastante afectado, mientras sujetaba un cigarro apagado entre los dedos índice y medio de la mano derecha-, después del colegio, habíamos decidido irnos de acampada. Era viernes. Recogeríamos cada uno lo que pudiéramos de casa y nos encontraríamos en el lugar de siempre, en la esquina donde nuestras calles se cruzaban. Todos vivíamos cerca, en la parte alta de la ciudad, en un barrio de calles con aceras anchas y tranquilas, lleno de espacios verdes e incluso un pequeño bosque vecino a donde de vez en cuando íbamos a explorar. Un mundo limpio, protegido y silencioso a su manera.

 

-Íbamos al mismo colegio y casi siempre volvíamos juntos, era un camino fantástico, apacible, alegre, contábamos chistes, hacíamos planes, inventábamos historias. Parecía que aquello duraría para siempre, el cielo despejado y el sol quemándonos la cara; sin embargo, ahora no son sino recuerdos borrosos, sueños lejanos a los que no he vuelto más que muchos años después intentando encontrar algo perdido en mí, un punto de inflexión, una señal de que todo acabaría como ha acabado. Pero solo he descubierto oscuridad, una profunda y negra oscuridad removiéndose como una serpiente en el agua estancada de mi ser, creciendo lentamente hasta ocupar casi por entero el silencio.

 

Aquí, como si sus palabras se abrieran paso a través de la frontera que se alzaba entre el recuerdo y la realidad, los árboles a nuestro alrededor se agitaron y él guardó silencio durante un instante, se encendió el cigarro y se quedó mirando hacia la montaña cuya sombra se alargaba cayendo rápidamente sobre nosotros.

 

Frontera. De fronte y -era. Línea de límite (o también, comúnmente, zona de límite, concebida como una línea estrecha de territorio que se aproxima al borde), sobre todo en cuanto a delimitación oficial y reconocida, dotada de los oportunos sistemas de defensa. Línea que separa claramente ambientes, situaciones o concepciones distintas y que a veces es entendida como confín que puede ser trasladado o modificado, sobre todo en sentido progresivo. Lugar de unión entre extraños.

 

En silencios como aquellos me parecía despertar del sueño al que sus palabras me empujaban, emergía de esos recuerdos a un presente distinto, como si este mundo nuestro fuera otro sueño dentro del suyo, a veces incluso me sentía incapaz de discernir el lugar al que yo pertenecía: el pueblo, la vida al lado de mi padre cuidando de la tierra que sembrábamos, las historias sobre mi madre y el mundo que no conocí, el silencio nocturno, el cielo iluminado por las constelaciones, su muerte y los días en soledad; o la vida a la que él me llevaba y que, a veces, parecía envolverlo todo.

 

Poco tiempo antes de morir mi padre desperté una noche con una extraña confusión. No sé cuánto tiempo pasó entre que abrí los ojos y comencé a ver algo, no estoy seguro de si fue solo un instante o varios minutos, pero lo que recuerdo vívidamente es que durante todo ese tiempo en el que la oscuridad me envolvía, no lograba saber quién era ni dónde estaba, solamente era consciente del sueño del que acababa de despertar y ese sueño me parecía la vida. Escuchaba el sonido de los pájaros sobre la cabeza, las hojas secas crujiendo bajo los pies, un automóvil de color rojo y un camino de hormigas que transportaban trozos enormes de hojas verdes. Una telaraña en cuyos listones, en donde había insectos muertos, brillaba el rocío como un collar perlado. La luz del sol que atravesaba el manto de hojas que hacía las veces de cúpula y proyectaba haces de luz verticales sobre un riachuelo de aguas transparentes.

 

Silencio. Del latín silentium. Ausencia de ruido, de sonidos, de voces y similares. Condición que sucede en un ambiente o caracteriza una determinada situación. El hecho de no hablar o dejar de hablar, de no manifestar la propia voluntad. Lo opuesto a la palabra que define. Indeterminación, ilimitación. Mientras la palabra constituye lo humano, el silencio evoca lo no-humano, lo sobre humano. En oposición a la acción implica la no-acción como modo de dejarse llenar por la armonía universal.

 

Aquella confusión nocturna me había dejado tal impresión que a la mañana siguiente nada más despertar fui a contárselo a mi padre que yacía hace días débil en la cama. Le conté todo lo que recordaba del sueño y cuando terminé pude ver que me miraba con atención. Después de un breve silencio interrumpido por la tos que intentaba aguantar inútilmente, me dijo que todas y cada una de las imágenes y sensaciones que le había narrado eran suyas.

 

Me explicó que no había tenido un sueño sino que había evocado el recuerdo de cuando él, siendo niño, fue con su padre al bosque. Que el automóvil rojo que yo había visto era el que mi abuelo había tenido durante toda la vida. Lo maravilloso, continuó, no era que las imágenes fueran precisamente aquellas suyas sino que las sensaciones mantuvieran tal claridad y fuerza en mí, pues él nunca había buscado aquel recuerdo hasta ese día.

 

Me dijo que su padre, al ver cómo los insectos atrapados en la telaraña le causaban una fuerte impresión, le había explicado que todos los seres vivos estaban interconectados, desde los más pequeños hasta los más grandes, formando un enorme tejido ajado que se hundía en el tiempo y el espacio. Era así que la muerte no podía considerarse una pérdida sino solo una transformación en el código universal. Cada ser heredaba un conjunto de mensajes y una vez su vida cesara los devolvería habiendo puesto en ellos algo propio y único. Somos parte, le dijo señalando aquellos insectos, de esa interminable sucesión y todo en este proceso tiene un significado particular, todo tiene una importancia fundamental.

 

Esa fue una de las últimas veces que hablamos. A partir de aquel día la fiebre consumió su cuerpo lentamente, pasaba la mayor parte del tiempo dormido y solo despertaba para beber el agua que yo le traía. Por eso me sorprendió tanto que una noche, cuando los primeros fragmentos de luna asomaban ya a través de la ventana, me despertara llamándome levemente, usando mi nombre de la forma más cariñosa.

 

Sueño. Del latín somnus. Acto de dormir. Sucesos o imágenes que se representan en la fantasía de alguien mientras duerme. Cosa que carece de realidad o fundamento, y, en especial, proyecto, deseo, esperanza sin probabilidad de realizarse. Modo de ser. Vida posible de los otros. Realidad ingerida en otra realidad como fantasía. El otro lugar de la existencia.

 

Al abrir los ojos lo vi incorporado en la cama, su sombra proyectándose en la pared del fondo delgada pero firme, parecía totalmente recuperado y me habló moldeando las palabras de manera clara. No había ni rastro de la espesa nube que lo había envuelto las últimas semanas y me pareció que volvía a ser él mismo. Sacó de debajo de la cama un libro enorme y me dijo que era parte, el primer volumen exactamente, de la enciclopedia que había encontrado en el altillo de una de las casas abandonadas del pueblo. Me la quería dar para mi cumpleaños número trece que sería la próxima luna pero había pensado que era mejor hacerlo esa misma noche. Me dijo, adelgazando las palabras hasta hacerlas casi imperceptibles, que en ella encontraría parte del significado de las voces inciertas de los libros. Me dijo también que había estado pensando en la conversación que habíamos tenido sobre el recuerdo de su infancia y que ahora entendía completamente lo que eso expresaba. Cada uno de nosotros, me explicó, y aquí su voz volvió a adquirir fuerza, formamos parte de la enciclopedia eterna, somos palabras que unidas de la manera adecuada crean la narración universal del tiempo, somos mensajeros y al mismo tiempo mensaje. Yo debía encontrar la historia a la que pertenecía, sabiendo que cada acto en ella tendría una importancia fundamental para la transformación universal.

 

Con el silencio que siguió a esa declaración nos fuimos a dormir, yo con el anhelo de que su enfermedad por fin se hubiera mitigado. Eran esperanzas vanas pues cuando, a la mañana siguiente, me acerqué a su cama para comprobar su temperatura, ya no respiraba, estaba rígido y frío. Lloré junto a su cuerpo sintiéndome absolutamente abandonado, pero al llegar la noche, y tal como me había pedido, lo llevé hasta el huerto que cultivábamos y lo quemé con los troncos para el invierno. Me quedé toda la noche alimentando las llamas hasta que de él no quedó más que un montón de ceniza humeante.

 

Muerte. Del latín mors, mortis. Cesación o término de la vida. Destrucción, aniquilamiento, ruina. Aquello que otorga autenticidad al Ser en contraste con la ex-istencia como forma del Ser fuera del Ser. Margen de la vida. Lugar en el que no se es y por lo tanto se es nada. Oscuridad. Reflejo inverso. Condición del otro. Sueño.

 

-No tardamos mucho, solo el tiempo suficiente para recoger las tiendas de campaña, juegos de mesa y algunas salchichas que asaríamos durante la noche- continuó mientras se encendía el cigarro que acababa de hacerse de tal manera que las palabras le salieron de la boca junto a pequeñas nubes de humo.

 

-Las tardes eran aún largas y teníamos por delante el suficiente sol para instalar el campamento y prepararnos para pasar la noche. No sería nada especial, lo hacíamos casi cada fin de semana y conocíamos el terreno de sobra, de hecho, incluso, teníamos preparados en el lugar unos cuantos troncos y piedras para hacer la fogata.

 

-Subimos el tramo de calle que quedaba desde donde nos habíamos encontrado y tomamos el sendero que se perfilaba primero a la derecha y después a la izquierda en dirección a la montaña. Cuando ya llevábamos un rato caminando, escuchamos voces que se acercaban desde el otro lado, no era nada común que nos cruzáramos con alguien por allí, y mi corazón empezó a latir con fuerza recordando algunas de las historias sobre traficantes que iban por esos caminos para no encontrarse con la policía. Cuando las voces por fin se materializaron vimos que solo se trataba de unos chicos un poco mayores que nosotros pero que seguro no eran de por allí. Lo supimos al instante por la ropa que llevaban, de mala calidad, un poco rota y sucia, pero tampoco parecían traficantes. Cuando llegaron hasta donde nosotros estábamos, entre miradas de complicidad y risas, nos preguntaron que a dónde íbamos pero, como no teníamos ganas de compañía, simplemente señalamos hacia arriba sin decir una sola palabra.

 

 -Caminamos unos cuantos cientos de metros más y cuando ya parecía que el bosque comenzaba a espesarse giramos de nuevo hacia la derecha atravesando unos arbustos que tapaban un pequeño sendero que conducía hasta un claro de unos cincuenta metros cuadrados. Era nuestro refugio secreto.

 

Tiempo. Del lat. tempus. Duración de las cosas sujetas a mudanza. Intuición y representación del modo en que los eventos singulares se suceden y establecen una relación los unos con otros, presente, pasado y futuro. Factor que empuja ineludiblemente al cambio. Recorrido cíclico o periódico de la eternidad cuyo énfasis recae en la irreversibilidad y caducidad de los eventos humanos. Recorrido eterno de los sucesos astronómicos.

 

-Nada más llegar dejamos las mochilas en el lugar acostumbrado y repartimos las tareas: Rubén y Óscar prepararían la zona de la fogata y Pablo y yo instalaríamos las tiendas, que eran dos armatostes viejos con los tubos oxidados y la tela rasgada pero que aquella noche cumplirían su función de sobra.

 

-Cuando terminamos decidimos que aún había suficiente tiempo de luz como para subir hasta la parte alta de la montaña y volver, conocíamos bien el camino y nos llevaría más o menos un par de horas.

 

-Pablo y yo éramos los dos deportistas del grupo y solíamos picarnos bastante, aunque yo raramente lograba superarlo, subiríamos juntos pero bajaríamos cada uno por su lado para ver quién era el más rápido, mientras que Rubén y Óscar se quedarían cuidando de las cosas. Ellos no participaban de estas competiciones absurdas, simplemente se hacían a un lado y se reían de nosotros por lo bajo. Rubén era extremadamente inteligente aunque en la escuela le solía ir mal, usaba su agilidad mental para hacer reír a los demás, tenía un humor insuperable, rápido, fino y a veces un poco payaso, se movía incansablemente y tendía a la excentricidad. Tenía dos ratas blancas de mascotas y una hermana pelirroja y pecosa a la que nunca quería dejar venir porque decía que era pequeña pero sobre todo tonta.

 

-Óscar, por su parte, era un niño tímido, torpe, tartamudo y terriblemente bondadoso aunque se enfadaba con frecuencia dada su extrema susceptibilidad, siempre creía que nos estábamos metiendo con él, y cuando lo hacía era imposible controlarlo, subía el tono de la voz y su tartamudeo crecía de tal forma que no había quien lo entendiera, lo que provocaba a su vez que su enfado aumentara hasta que, desesperado, intentaba lanzar un último insulto del que apenas surgía una sílaba repetida incansablemente. Más tarde, cuando se tranquilizaba, volvía como si nada hubiera pasado. Vivía solo con su madre, que era una mujer grande, germánica, con una voz estentórea que impresionaba. Entre ellos hablaban en alemán lo que hacía que para nosotros, muchas veces, el objeto de la discusión fuese un enigma que nos divertía descifrar.

 

-Cuando llegamos arriba del todo nos sentamos en un saliente de rocas desde el cual podía verse el valle del que veníamos. Entonces Pablo sacó del bolsillo algo que en un primer momento me pareció una piedra pero que más de cerca resultó ser el fósil de un trilobites, uno de su colección. Me lo puso en la mano y me dijo que era para mí.

 

-Mientras veíamos caer la tarde, algo que después, cuando reconstruí ese recuerdo, reconocí como una enorme angustia surgió de mi pecho, me costaba retener el llanto que me oprimía la garganta y llenaba los ojos y mientras intentaba aguantarlo me di cuenta por primera vez que nunca más se repetiría aquel momento ni nunca más me volvería a sentir feliz de esa manera tan plena.

 

-Ya no tenía ganas de volver corriendo aunque seguramente me vería obligado a hacerlo dado que se había hecho demasiado tarde. Pablo, que no había dicho ni una sola palabra después de darme el fósil, se puso de pie de un salto y salió a toda velocidad cuesta abajo. Yo, por mi parte, y después de lanzarle una última mirada al valle cuyas casas en el fondo comenzaban a iluminarse, salí tras él dejando a mis espaldas una imagen que jamás volvería a ver.

 

Angustia.  Del latín angustia. Revelación. Fundamento del pecado original que saca al Ser de su inocencia y lo hace surgir como un espíritu individual. Mientras el miedo se dirige hacia las cosas particulares, la angustia no se refugia en nada, abre al Ser a la existencia auténtica y lo retrae hacia sí mismo. En ella la totalidad se vuelve accidental y fugaz mostrando el verdadero significado de la presencia del ser en el mundo.

 

La tarde había caído casi completamente cuando volvió a quedarse callado, la línea roja que iluminaba el horizonte fue pasando del rojo al azul y después al negro. Cuando me di cuenta de la oscuridad que nos rodeaba, lo único que brillaba de este lado, como si el sol al irse hubiera dejado encendida una brasa, era el cigarro que se iluminaba al ritmo de su respiración. De nuevo, una sensación extraña se prendía en mi pecho como avisándome de que la realidad en aquel momento era ligera y de que el mundo podía disolverse como una columna de humo de la misma forma en que lo había hecho su historia.

 

Desperté de la ensoñación y me pareció ver elevarse otra columna, una real, de la tierra del huerto. Habían pasado cinco años desde la muerte de mi padre pero sentía como si hubiera sido ayer.

 

Existencia. Del latín tardío exsistentia. Acto de ser. Vida del hombre. En filosofía se establece por oposición a la esencia, realidad concreta de un ente cualquiera. Estado de una realidad en cuanto es tal o, en sentido específico, el estado de la realidad que puede ser objeto de una experiencia sensible. Posición absoluta de un objeto o un sujeto. Oposición absoluta al no ser.

 

-La hoguera crepitaba con fuerza –continuó-, Pablo, como siempre, había ganado la carrera y yo había llegado abajo justo a tiempo, antes de que la oscuridad me volviera el camino imposible. Habían hecho un buen trabajo con el fuego que se alzaba con violencia. Después de refrescarnos un poco, sacamos las salchichas que habíamos traído y las clavamos en unos palos preparados para la ocasión y así cenamos por última vez los cuatro juntos. Yo el domingo me iría de aquella ciudad y, poco tiempo después, también de aquel país, aunque entonces no lo sabía.

 

-Pablo no fue el único que me dio un regalo, también lo hicieron Rubén y Óscar: el primero un botón dorado que se arrancó de la chaqueta en aquel momento y el segundo uno de sus cómics más queridos. La noche avanzó a gran velocidad entre juegos de cartas e historias de miedo. La fogata se fue apagando poco a poco hasta que el frío de la madrugada nos obligó a meternos en las tiendas. Antes de dormirnos, Pablo y yo estuvimos haciendo planes: yo volvería cada semana para irnos de excursión, podríamos buscar fósiles e ir creando una colección conjunta, seguiríamos siendo los mejores amigos y hablaríamos todos los días y, finalmente, un poco más adelante, él también se vendría a la misma ciudad que yo a estudiar. Así, poco a poco, nos fuimos quedando dormidos entre el exaltamiento de nuestra amistad y el futuro que nos esperaba.

 

-Al día siguiente, cuando salimos de las tiendas a la humedad intempestiva de la mañana, descubrimos que tendríamos que volver descalzos, pues nos habían robado los zapatos.

 

-Después de recoger las cosas, iniciamos el descenso un poco tristes y enfadados, cojeando cuesta abajo. La primera casa era la de Rubén que había ido todo el camino quejándose de lo caras que eran sus zapatillas y entró dando un portazo y casi sin despedirse. A Óscar lo dejamos en segundo lugar, tartamudeando y muerto de frío. Y un poco más allá, Pablo entró en su casa no sin antes ofrecerse a dejarme unos zapatos que yo rechacé.

 

-Nunca más los volví a ver aunque años después me enteré de que no solo yo me había ido, Óscar había vuelto al país de su madre casi al mismo tiempo que yo empezaba la carrera. Rubén, por su parte, tuvo una adolescencia un poco desbocada y había terminado recluido en un centro de desintoxicación. Alguien se lo había encontrado un poco descoordinado en un bar. Lo de Pablo, sin embargo, fue distinto, pocos meses después de irme alguien había entrado a su casa a robar. Lo dejaron con las manos atadas a la espalda y un tiro en la sien.

 

-Ahora que vuelvo a esos recuerdos, me pregunto si no sería aquella sensación de que estaba perdiendo algo irrepetible un aviso de lo que después pasaría en el planeta, aquella Caída que nos haría conscientes de manera irreparable de nuestro fin. Aunque, por otra parte, puede ser también que la vida no es sino un trozo absolutamente prescindible de tiempo sin sentido en donde nada es aviso ni señal de nada.

 

Y aquí volvió a hacerse el silencio y me di cuenta que era el punto final. La realidad volvía a parecerme un sueño, la noche había avanzado tanto que la luna comenzaba a lanzar sus primeros rayos a través de los árboles que se recortaban en la montaña. Se encendió un cigarro, me hizo un gesto con la cabeza a modo de despedida y se fue subiendo la cuesta apenas iluminada con la luz de las estrellas. Yo me imaginé sentado con él en el saliente de roca, como Pablo, con un nudo en la garganta, sintiendo cómo el tiempo se volvía irrepetible y sabiendo que aquello nunca más volvería a ser igual. Me vi poniéndome en pie de un salto y corriendo cuesta abajo sin pensar en la imagen que dejaba atrás.

 

De nuevo, al mirar hacia donde la noche ocultaba el huerto, me pareció ver humo elevándose y recordé a mi padre que, con sus manos fuertes, revolvía el suelo para enseñarme la forma correcta de preparar la tierra para la siembra y supe en ese preciso instante que yo era también él, de la misma forma que era Pablo y sería otros tantos más, repetido y siempre distinto, como una palabra en la enciclopedia universal.

Incluído en el Torpedo Nº1: Iniciación a la Literatura Submarina.

Febrero de 2018.



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