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La trilogía de Bruna Husky (Rosa Montero)

 

 

 

POR ANAÏS EGEA

 

 

Bruna Husky es uno de esos personajes que pican un recoveco en tu cerebro y hacen nido. A mí me ha pasado con caracteres de lo más dispares: el Principito, Laurencia, Anna Karénina, Segismundo, Hermione Granger, Ignatius J. Reilly o Sherlock Holmes. Son criaturas de papel y tinta que consiguen trascender la página y tener más carne que antiguos compañeros del colegio o primos lejanos. Tienen tanta entidad que exigen un trozo de memoria.

 

 

Bruna es una rep de combate, es decir, una androide genéticamente manipulada para ser una excelente soldado. Pero, además, tiene implantadas unas memorias tortuosas que la hacen más dura, más frágil y, sobre todo, única. Estos ingredientes la convierten en una detective eficiente, decidida, alcohólica y letal.

 

Rosa Montero ha creado una distopía hiperrealista, donde se enfrentan tres civilizaciones: los vestigios coleteantes de una democracia vapuleada por el hipercapitalismo, una dictadura hiperreligiosa y una plataforma neocomunista. Es un mundo hiperconectado, hiperdigitalizado y líquido, donde los latidos de la cultura, el arte y la humanidad son cada vez más sutiles en medio de la injusticia, la destrucción del planeta, la manipulación informativa y los juegos políticos. Pero hay amor. Hay misterio. Hay soñadores, mascotas, amistad y mejora. Nadie es quien parece y nada es simple, pero leerlo es fácil, ágil y cautivador.

 

 

La primera novela de la trilogía se titula Lágrimas en la lluvia, y la siguen El peso del corazón y Los tiempos del odio. Las tres comparten un ritmo veloz, una pluma ágil y la hechura de un buen thriller. Pero, además, incluyen una mirada lúcida y sin derrotismo al lugar al que nos encaminamos.

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