Reunidos ante la sangre y la muerte

Era la hora. Llevaba un rato en la sala de reuniones, caminando en paralelo a esa larga y estrecha mesa en la que la tripulación se reunía de vez en cuando para discutir las claves de nuestro devenir. Hoy era uno de esos días.

 

Pasados dos minutos de las 7AM, prácticamente toda la tripulación estaba sentada alrededor de aquella mesa. Entraron Emil Farad, Mila, la Chef y, por último, entró Carlitos Michavila, que después de cerrar la puerta dio toda la vuelta para no ocupar la silla vacía junto a Emil. La tensión se podía palpar en el ambiente.

 

El debate giraba en torno a qué hacer si la prueba del VA-111 Shkval salía bien. Porque sí resultaba exitosa, nos encontraríamos con un arma potentísima, nuestra capacidad militar crecería exponencialmente. Algunos, lo más coléricos y apasionados, abogaban por enfrentarse a Francia. Quizás sea producto de tener una tripulación tan joven.

 

Con ayuda de las tropas andorranas terrestres podríamos enfrentarnos cara a cara con el ejército francés, no cabe duda, pero… ¿y el desgaste? Después de casi media hora en silencio, escuchando atentamente las palabras del resto de compañeros, la sangre me hervía cada vez más, era como escuchar in crecendo “Angel of death” de Slayer. Cuando el estribillo de la canción sonó en el interior de mi cabeza, golpeé la mesa y me impuse entre los murmullos.

 

-¡Compañeros! –Un silencio repentino invadió la sala- Es posible que el hambre os nuble la vista. Incluso cabe la posibilidad de que el nuevo torpedo os haga sentir amos del mundo. Pero esto no es el puto Risk. Yo he estado en la guerra. En varias guerras. He ganado y perdido. Pero siempre ha habido sufrimiento. Y ojo, me da igual que lloréis por las noches después de la guerra o que os despertéis pensando en un brazo que ya no tenéis por una granada que os explotó en la mano. Aquí hablo de algo puramente estratégico: después de ganar a Francia no tendremos fuerza para seguir. España nos doblegará en dos segundos.

 

El Shkval debía ser la guinda del pastel armamentístico que veníamos desarrollando en los últimos años. Solo nos faltaría una salida al mar para comenzar nuestro proyecto mundial. El ejército andorrano es joven, pasional y pretende llegar rápido a su meta pero es obvio que carece de experiencia.

 

-Entonces, ¿qué demonios propones? –se escuchó entre los presentes-.

 

-¡Eso! No tenemos opción, nos invadirán –dijo otro miembro de la tripulación.

 

Ahora en mi mente sonó la introducción de “Raining Blood”

 

-Tengo un plan. Ganaremos sin combatir.


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