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No escribiré torpedo



no escribiré torpedo carta capitán gabriel saldrías
Imagen de Rodrigo Arahuetes

Primero que todo, porque no los conozco. No les tengo confianza alguna. ¿Desde cuándo regalo palabras yo? Las vendo, con suerte. Segundo, y quizás más importante, porque no entenderían lo que significa. Supongo que también tiene que ver con la confianza. Seguro creen que se han puesto un nombre épico y provocador, como si este guardara en su declamación insolente la explosión sin detonar del ataque submarino que corta el agua con destino incierto. Nada sospechan del significado secreto que su nombre tiene, tan lejos del mar, tan lejos de la gloria.

 

Si quisiera explicarlo, que no quiero, porque no se me da la regalada gana, tendría que hacerlo en retroceso. Comenzaría, quizás, con esa anécdota que no le he contado a nadie, en donde un catedrático me dice, con tono reprobatorio, que nunca use la palabra “mapear”, sino que en su lugar opte por “cartografiar”. Cuando le pregunté por qué, me responde, no sin cierta molestia: “Porque así es el español”. Y tenía razón, o debía tenerla, aclararía si es que se me antojara hacerlo, porque si en España un catedrático te dice que “así es” el español, pues no queda más que asumirlo como las heridas de Cristo.

 

Si ese es el español, entonces que yo he hablado una mentira toda mi vida, tendría que admitir con vergüenza. Largas noches encerrado en mi pieza, perdón, mi habitación, en ese departamento arrendado, qué digo, ese piso alquilado en los lindes de Gran Vía, pensando en el nombre del idioma que creía mío. 


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